Sobre este lugar
En mil trescientos cincuenta y siete, el rey Carlos IV puso la primera piedra del puente que lleva su nombre, en un momento elegido por astrólogos para la mejor fortuna. Terminó en mil cuatrocientos dos, reemplazando al antiguo puente destruido por una inundación, y desde entonces conectó la Ciudad Vieja con Malá Strana, siendo la única forma de cruzar el Moldava durante siglos. Este puente no solo es una vía de paso: fue el eje que sostuvo el comercio entre Europa Oriental y Occidental, y la conexión vital para la ciudad hasta mediados del siglo diecinueve. Hoy es un símbolo del desarrollo histórico de Praga y un monumento cultural reconocido por la UNESCO que aún preserva su valor en el paisaje urbano. Un detalle que pocos notan es que la leyenda sobre huevos en el mortero tiene algo de verdad: estudios modernos encontraron elementos orgánicos en la mezcla, que pueden haber ayudado a hacerlo más resistente. También, la tradición manda tocar la placa de bronce bajo la estatua de San Juan Nepomuceno para asegurarte que vuelvas a Praga. Mira hacia los costados para ver las treinta estatuas barrocas, que son réplicas para proteger las originales guardadas en museos. Fíjate en la torre gótica al final del puente en la Ciudad Vieja, considerada una obra maestra, que revela la importancia defensiva y estética del lugar. Aquí, cada piedra cuenta la historia de la ciudad.
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